martes, 26 de mayo de 2009
miércoles, 20 de mayo de 2009
miércoles, 6 de mayo de 2009
Motín hipertextual
"Narration created humanity"
Pierre Janet
La cibercultura es un lugar de incertidumbre en lo relativo a su utilidad social, pero no por ello se debe señalar a aquella incertidumbre como improductiva ni mucho menos como inservible. Lo que tiene para ofrecer el hipertexto en tiempos de extensas redes informativas es, precisamente, una férrea dilatación espaciotemporal de la interacción social, tanto así que el concepto mismo de interacción se presta como anticuada comprensión mecanicista del mundo social. Hoy día se puede hablar, sin incurrir en errores garrafales –pues actualmente no existen tales errores, tan sólo casualidades productivas-, de un paralelismo polifónico que infunde todo tipo de acción comunicativa o creativa y que posibilita reiteradamente la presentación de una nueva comprensión global que provenga de una acción grupuscular (el individuo cedió hace ya rato ante las exigencias de una acción colectiva, por lo menos en lo que concierne su comprensión fáctica del mundo globalizado). En ninguna otra parte está puesto más de manifiesto la falsedad metafísica de la división teoría/práctica que en la configuración escrita y visual del hipertexto puesto que toda tarea emprendedora en el espacio virtual compromete la suma de las fuerzas de un sujeto haciéndole creador al tiempo que agente catalítico en una red de actos enunciativos, es decir, tornándole en una potencia transformadora en el seno de las conectividades de un mapa "individual" con multiplicidad de mapas. En seguida puede anticiparse que la acción hipertextual com-promete nuevos espacios de comunicación/creación siendo que, como sucederá en la mayoría de los casos, el peso de su importancia recae en no cumplir con lo prometido y más bien seguir prometiendo, produciendo nuevos horizontes de acontecimientos virtuales que tiendan siempre hacia un tejido conectivo infinitamente abierto. Es por ello que el principal propósito de los enlaces hipertextuales (siempre en plural) descansa no en la creación de utopías o simulacros de la realidad fácilmente confundibles con productos de un estado de ánimo enajenado, sino en la insoslayable e incontenible creación y actualización de opciones éticas a la vez que estéticas dispuestas a la audaz toma de provecho de la incertidumbre característica del lugar cibercultural, para volverle productivo para un medio sin fin; en últimas, un concertado medio sin fin ya que los fines particulares de un sujeto o grupúsculo son de tan ínfimo alcance que no pueden pretender más allá de su parcialidad, su contingente localidad pues la rendición del espacio virtual en aquella situación debe su condición de posibilidad a la fugaz apropiación táctica de grandes estrategias mediáticas o representacionales objetivas (científicas) para renovar el uso público de la cibercultura como lugar ostensible de expresión, campo, entonces bien, de un enfrentamiento que una vez sea unido pueda desbordar momentáneamente la multilateralidad del control mediático. Será por ello que la obra de arte actualizada y desmaterializada a lo virtual ostentará ahora y siempre un potencial transformador, no sólo en cuanto a la manera como pueda influir en la percepción individual, sino en la forma en que facilite una conectividad virtual.
El autor de un texto reside, verdaderamente, en los límites del mismo. El sentido de la historia de la humanidad no tiene por qué desplegarse vertical y ascendentemente hacia un futuro lleno de promesas relacionadas a tan desastrosos conceptos como lo son el progreso y el desarrollo; el Hombre, figura retórica predominante en las narrativas oficiales, no pudiese tener mayor campo de significación que aquel que le es impuesto por la actividad ilustrada, educada de un hombre europeo u occidental y, por ende, blanco. Los límites de un (hiper)texto, la presencia de un autor, nunca estarán definidos de forma nítida por su misma actividad puesto que en el espacio virtual –espacio de acaecimientos y posibilidades- está en juego todo tipo de perfil antropométrico y bien haría en decir que hasta el antropocentrismo también se encuentra rotundamente amenazado por fuerzas que son ajenas a la administración política y económica de la forma humana, de la naturaleza del ser humano. En el espacio virtual la libertad está dada de una sola vez, pero ha menester considerarla no ya como la Libertad en tanto meta y propósito definitivo –pues estaríamos condenados desde un principio, como dice Deleuze y Guattari con relación a la desterritorialización absoluta-, sino más bien como una promesa de libertad desactualizada desde un principio siendo esto así que siempre necesita ser redefinida según una inamovible negociación del sentido con la alteridad, o bien, con la humorosa fatalidad del destino que exige de nosotros simple entrega y abierta sinceridad. El Hombre da pasos en falso y tambalea cuando se le pide hacer de su historia personal -la historia de la humanidad ilustrada- un compromiso con los significativos retos que postra ante nosotros la incesante producción de sentido y diferencia que signa el avenimiento del (re-conocimiento) presente; la historia de la humanidad no tiene más sentido que la lucha por su sentido actual. Que Chucho bendiga la multiplicidad narrativa del acontecer virtual.
domingo, 15 de marzo de 2009
Complejas austeridades del sentimiento
El cultivo es cosa que nos concierne a nosotros en el pasado, siempre en tiempo pasado y que ciertamente nos abandona sin esperanza cuando la incidencia de los ritmos vitales, de las etapas de la vida, se precipitan sin más. Incurro constatemente en lamentos por las fallas de mi estilo -si es que de veras me posee alguno- pero sé que ellas no limitan la invocación circunscri(p)ta que realiza mi espíritu en vistas de la concreción futura de uno que otro acontecimiento favorable. Mucho se ha dicho con relación a este propósito, cosa que no se ha de tener en cuenta cuando se valora a la prudencia como directiva y cúmulo de vida: la prudencia como experiencia adquirida sin adquirir, experiencia no presencial, es aquella regla empírica (y curiosamente ideal) que promete fantásticas oportunidades de crecimiento o expanción al cumplir con las necesidades y las condiciones de la circunstancia, de lo circundante. Lo que anida en lo que nos circunda es ya entonces el valor de la existencia en tanto que lenta marcha hacia el re-conocimiento de la diferencia, o bien, de la rápida proyección de la diferencia en el terreno de lo que es indistinto y que es necesariamente precedente. La prudencia, en este sentido, ata un lastre al rededor de nuestra singular exclusividad vivida para hacerla corresponder con lo más cercano, y, en el peor de los casos, con lo más lejano de lo que es cercano.
Ahora bien, el que se remita al cumplimiento de esta regla permite el acopio de otra posibilidad de vida: procediendo en la busca de una mayor potencia que zanje el firmamento de lo dicho y hecho, de lo asentado en la muy redonda y muy recorrida tierra, se puede acudir a la prudencia para hacerle garante de nuestras potencialidades constructivas y así evitar las calamitosas precipitaciones del ímpetu humano -demasiado humano-. Para rasgar y crear duraderamente con los retazos sobrantes es necesario dejar que la misma prudencia proporcione tablas de experimentación sensatas que nos conduzcan a una expansión larvaria, a un crecimiento en intensidad que aumente el poder gestador de las ambiciones somnolientas faltas de previa con-ciencia. Por lo visto aquel despropósito nos inculca el coraje de la vigilia, pero no ya, por supuesto, esa vigilia sedentaria que monta su custodia junto al hogar (el lenguaje) sino aquella que es posesa fiel de la inquietud y que se encuentra en pie de guerra contra todo exceso de confianza o de ataduras; sin tener que recorrer el campo minado de lo circundante, de lo circunscrito, tal empleo de la prudencia se caracterizará de hecho como un simple despertar ante el inevitable fluir de la existencia pues no tendrá más referente que lo transitorio, a diferencia, ya pues, de la recurrencia a lo (tácitamente) establecido.
Ahora bien, el que se remita al cumplimiento de esta regla permite el acopio de otra posibilidad de vida: procediendo en la busca de una mayor potencia que zanje el firmamento de lo dicho y hecho, de lo asentado en la muy redonda y muy recorrida tierra, se puede acudir a la prudencia para hacerle garante de nuestras potencialidades constructivas y así evitar las calamitosas precipitaciones del ímpetu humano -demasiado humano-. Para rasgar y crear duraderamente con los retazos sobrantes es necesario dejar que la misma prudencia proporcione tablas de experimentación sensatas que nos conduzcan a una expansión larvaria, a un crecimiento en intensidad que aumente el poder gestador de las ambiciones somnolientas faltas de previa con-ciencia. Por lo visto aquel despropósito nos inculca el coraje de la vigilia, pero no ya, por supuesto, esa vigilia sedentaria que monta su custodia junto al hogar (el lenguaje) sino aquella que es posesa fiel de la inquietud y que se encuentra en pie de guerra contra todo exceso de confianza o de ataduras; sin tener que recorrer el campo minado de lo circundante, de lo circunscrito, tal empleo de la prudencia se caracterizará de hecho como un simple despertar ante el inevitable fluir de la existencia pues no tendrá más referente que lo transitorio, a diferencia, ya pues, de la recurrencia a lo (tácitamente) establecido.
Eugenio Montejo a propósito de tenues ritmos musicables
Pájaros sin pájaros
No, por supuesto, pájaros novicios
de canto incierto, desigual o falso.
- Otros sonidos y otras alas.
Hablo de todo Schubert entre vuelos errantes,
del rapto oído en un gorjeo
que suba a más
octava por octava.
Hablo de pájaros sin yo, sin ningún pico,
celestes y sin patas,
pájaros que sean tan sólo música
en el ascenso más alto de los aires.
No, por supuesto, pájaros tenores,
gordos, falsarios, de pesadas plumas,
sino flechas que se desprendan de alguna partitura
y al cielo suban, o más allá, sin pausa,
arrebatando el corazón de quien escuche
y agradecido calle...
- Debem creerme. Hablo de sones puros,
de pájaros sin pájaros.
Vals de las cosas
El vals objetivo de las cosas,
el cadencioso vals que las recorre,
tan ceñido a su peso, volumen, geometría.
El que pauta la danza sin moverse
bajo la etérea música del polvo.
El vals que suena dentro de las cosas
como ordenando el tiempo en torno a ellas,
con rectos acordes instantáneos.
El vals objetivo, sin nostalgia, aunque no olviden cuando fueron jóvenes
y reinaba otra moda más a gusto,
y el jarro vino de Los Teques una tarde
con flotantes gladiolos del camino.
El insistente vals al fondo de sus sombras
que siempre las convoca y las despierta,
y se baila sin baile pero llevando el paso,
muy natural en medio tan abstracto.
El vals que la seduce con su ritmo,
el que ahora mismo se apodera de nosotros
y nos hace danzar sus sones inaudibles,
móviles pero inmóviles, con música del polvo,
cuando ya nada importa, salvo su danza,
hasta volvernos roca, metal, vidrio, madera,
con sentimientos curvos, oblongos, triangulares,
según el son y el baile, según la cadencia
que siempre suena sin sonar por todas partes.
No, por supuesto, pájaros novicios
de canto incierto, desigual o falso.
- Otros sonidos y otras alas.
Hablo de todo Schubert entre vuelos errantes,
del rapto oído en un gorjeo
que suba a más
octava por octava.
Hablo de pájaros sin yo, sin ningún pico,
celestes y sin patas,
pájaros que sean tan sólo música
en el ascenso más alto de los aires.
No, por supuesto, pájaros tenores,
gordos, falsarios, de pesadas plumas,
sino flechas que se desprendan de alguna partitura
y al cielo suban, o más allá, sin pausa,
arrebatando el corazón de quien escuche
y agradecido calle...
- Debem creerme. Hablo de sones puros,
de pájaros sin pájaros.
Vals de las cosas
El vals objetivo de las cosas,
el cadencioso vals que las recorre,
tan ceñido a su peso, volumen, geometría.
El que pauta la danza sin moverse
bajo la etérea música del polvo.
El vals que suena dentro de las cosas
como ordenando el tiempo en torno a ellas,
con rectos acordes instantáneos.
El vals objetivo, sin nostalgia, aunque no olviden cuando fueron jóvenes
y reinaba otra moda más a gusto,
y el jarro vino de Los Teques una tarde
con flotantes gladiolos del camino.
El insistente vals al fondo de sus sombras
que siempre las convoca y las despierta,
y se baila sin baile pero llevando el paso,
muy natural en medio tan abstracto.
El vals que la seduce con su ritmo,
el que ahora mismo se apodera de nosotros
y nos hace danzar sus sones inaudibles,
móviles pero inmóviles, con música del polvo,
cuando ya nada importa, salvo su danza,
hasta volvernos roca, metal, vidrio, madera,
con sentimientos curvos, oblongos, triangulares,
según el son y el baile, según la cadencia
que siempre suena sin sonar por todas partes.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Textura
Superficies y profundidad. Vaaya tema. Estoy apuntando a una descripción, no densa, pero sí en la medida de lo posible bastante precisa sobre lo que alberga la música en un palabra que está intrínsecamente ligada al manejo de materiales, o bien, materias de trabajo artístico y de construcción. Definiéndola relacionalmente, textura tendrá que ver con las alteraciones de la materia - entiéndose como el punto cero de la physis... en caso tal de que optasemos por modificación en vez de alteración recurriríamos a una noción maleable, tal vez, a una spinozista de la misma. Vemos que asoma la necesidad de tomar con calma aquella acelerada exigencia del indagador, aquella pugna por la Total precisión y más bien se empieza por hacer frente a un manejo disperso del término recurriendo a simples aseveraciones... tales como: textura es lo que da cuerpo a la sensación.
Sabemos que con toda nueva sensación experimentada nos urge explorar el mundo que le es propio, que, simplificando, le ha otorgado (ahora y siempre) su constitución correspondiente; nos urge puesto que es en un resbaladizo instante que escapa y se derrumba, o bien, se transforma e imperceptiblemente no cesa de mutar. A todo pensamiento, consecuente-mente, le corresponde un mundo que le brinda sus cimientos o su armadura. La textura designa siempre algo continuo y prolongado, como también UN algo pronunciado que devela su acento particular (en física, su longitud de onda). Variaciones sobre alteraciones sobre modificaciones, la materia vuelve a su existencia neutra con toda oportunidad que le separa el tiempo, pero, en un sentido sonoro no ya del todo material, la materia no es constreñimiento de posibilidad.
Ejemplo: un cucharetero monta un bus y prepara su sostén de vida.... el sonajero consta de dos cucharas medianas de mesa en los extremos y una azucarera en el medio, amarradas, claro está, las tres por una pita, sostiene entonces el sonajero en la mano derecha mientras agarra otro utensilio -uno emparentado con las cucharas- en la izquierda. Vale decir que su música ya habrá empezado sólo que sus manos no se mueven. Simple concavidad y pura superficialidad metálica, el cascareo del sonajero se ve intervenido en cortas y rápidas ocasiones por el utensilio de la mano izquierda. El tipejo tiene montada una orquestra... lo digo no por la agilidad de sus movimientos, tampoco así por el repertorio asimilado con aquella macilenta instrumentación sino entonces por la claridad y la variedad de los sonidos. Estremecía siempre que apretaba el sonajero causando que la cuchara del medio hiciera borde con la trasera y un agudo rastrilleo con la delantera. Cuánta profundidad sobre superficie. La vibración metálica se veía cada vez comprometida a la apertura de un cambio ya que el sonido despedido era reto al tiempo que férrea dilatación espacial, digo, material. Me hizo entristecer de mi estupidez, de mis pesadas manos que sobre mi regazo yacían cual inconforme rebelde cubano. Afecto menos, afecto más, gozo desde entonces de una pasión triste que promete otro cuerpo.... menos orgánico, un autre más sonoro.
(rascar una superficie no para llegar o crear a una profundidad sino, más bien, para excitar su potencial)
Cuerpo aquel de la sensación sonsacada, cavada en las entrañas.
Cuerpo de mí cuerpo prometido, lombriguera de mí cuerpo mesiánico... te extraño
Sabemos que con toda nueva sensación experimentada nos urge explorar el mundo que le es propio, que, simplificando, le ha otorgado (ahora y siempre) su constitución correspondiente; nos urge puesto que es en un resbaladizo instante que escapa y se derrumba, o bien, se transforma e imperceptiblemente no cesa de mutar. A todo pensamiento, consecuente-mente, le corresponde un mundo que le brinda sus cimientos o su armadura. La textura designa siempre algo continuo y prolongado, como también UN algo pronunciado que devela su acento particular (en física, su longitud de onda). Variaciones sobre alteraciones sobre modificaciones, la materia vuelve a su existencia neutra con toda oportunidad que le separa el tiempo, pero, en un sentido sonoro no ya del todo material, la materia no es constreñimiento de posibilidad.
Ejemplo: un cucharetero monta un bus y prepara su sostén de vida.... el sonajero consta de dos cucharas medianas de mesa en los extremos y una azucarera en el medio, amarradas, claro está, las tres por una pita, sostiene entonces el sonajero en la mano derecha mientras agarra otro utensilio -uno emparentado con las cucharas- en la izquierda. Vale decir que su música ya habrá empezado sólo que sus manos no se mueven. Simple concavidad y pura superficialidad metálica, el cascareo del sonajero se ve intervenido en cortas y rápidas ocasiones por el utensilio de la mano izquierda. El tipejo tiene montada una orquestra... lo digo no por la agilidad de sus movimientos, tampoco así por el repertorio asimilado con aquella macilenta instrumentación sino entonces por la claridad y la variedad de los sonidos. Estremecía siempre que apretaba el sonajero causando que la cuchara del medio hiciera borde con la trasera y un agudo rastrilleo con la delantera. Cuánta profundidad sobre superficie. La vibración metálica se veía cada vez comprometida a la apertura de un cambio ya que el sonido despedido era reto al tiempo que férrea dilatación espacial, digo, material. Me hizo entristecer de mi estupidez, de mis pesadas manos que sobre mi regazo yacían cual inconforme rebelde cubano. Afecto menos, afecto más, gozo desde entonces de una pasión triste que promete otro cuerpo.... menos orgánico, un autre más sonoro.
(rascar una superficie no para llegar o crear a una profundidad sino, más bien, para excitar su potencial)
Cuerpo aquel de la sensación sonsacada, cavada en las entrañas.
Cuerpo de mí cuerpo prometido, lombriguera de mí cuerpo mesiánico... te extraño
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