domingo, 21 de febrero de 2010
autoetnografía
Así como los psicoanalistas se someten a senda travesía escudriñadora del "sí mismo", o bien sea del "yo", develando cada uno de sus caprichos "edípicos" y que por cierto toma años o más años para des-hacer los mismos, los antropólogos/as están en la obligación moral e intelectual de esculcar entre opiniones propias o afinidades con las ajenas, además de creencias, aspiraciones, deseos y, sobre todo, estrategias maquiavélicas para que la trama de poder resulte a su favor en un momento dado, para entonces dar con la cuestión: ¿cuáles son mis caprichos?, ¿será que sí los reconozco proyectados sobre aquel telón de fondo?. Haciendo uso detallado de la tarea de observar, y teniendo muy en cuenta su participio pasado (observar/observado), se crea el sentido activo de participación en conjunción con el resbaladizo terreno que llamamos contexto. A diferencia de los psicoanalistas, los antropologos/as no se encuentran perdidos en una casa de los espejos, tratan con la realidad efectiva y con la actualización de los términos de la misma, se trata de la cultura y de sus prácticas. Que esto tan sólo sea una tentativa.
"“Today a young man on acid realized that all matter is merely energy condensed to a slow vibration, that we are all one consciousness experiencing itself subjectively, there is no such thing as death, life is only a dream, and we are the imagination of ourselves. Heres Tom with the Weather.""
— Bill Hicks
— Bill Hicks
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