miércoles, 11 de febrero de 2009

magix setentera

http://www.youtube.com/watch?v=v01hHJ8YfBk&feature=related
Drugged out girls look like goo to me
"Los -afro- americanos no son tan juiciosos como los pintan" Migueluchi

Textura

Superficies y profundidad. Vaaya tema. Estoy apuntando a una descripción, no densa, pero sí en la medida de lo posible bastante precisa sobre lo que alberga la música en un palabra que está intrínsecamente ligada al manejo de materiales, o bien, materias de trabajo artístico y de construcción. Definiéndola relacionalmente, textura tendrá que ver con las alteraciones de la materia - entiéndose como el punto cero de la physis... en caso tal de que optasemos por modificación en vez de alteración recurriríamos a una noción maleable, tal vez, a una spinozista de la misma. Vemos que asoma la necesidad de tomar con calma aquella acelerada exigencia del indagador, aquella pugna por la Total precisión y más bien se empieza por hacer frente a un manejo disperso del término recurriendo a simples aseveraciones... tales como: textura es lo que da cuerpo a la sensación.

Sabemos que con toda nueva sensación experimentada nos urge explorar el mundo que le es propio, que, simplificando, le ha otorgado (ahora y siempre) su constitución correspondiente; nos urge puesto que es en un resbaladizo instante que escapa y se derrumba, o bien, se transforma e imperceptiblemente no cesa de mutar. A todo pensamiento, consecuente-mente, le corresponde un mundo que le brinda sus cimientos o su armadura. La textura designa siempre algo continuo y prolongado, como también UN algo pronunciado que devela su acento particular (en física, su longitud de onda). Variaciones sobre alteraciones sobre modificaciones, la materia vuelve a su existencia neutra con toda oportunidad que le separa el tiempo, pero, en un sentido sonoro no ya del todo material, la materia no es constreñimiento de posibilidad.

Ejemplo: un cucharetero monta un bus y prepara su sostén de vida.... el sonajero consta de dos cucharas medianas de mesa en los extremos y una azucarera en el medio, amarradas, claro está, las tres por una pita, sostiene entonces el sonajero en la mano derecha mientras agarra otro utensilio -uno emparentado con las cucharas- en la izquierda. Vale decir que su música ya habrá empezado sólo que sus manos no se mueven. Simple concavidad y pura superficialidad metálica, el cascareo del sonajero se ve intervenido en cortas y rápidas ocasiones por el utensilio de la mano izquierda. El tipejo tiene montada una orquestra... lo digo no por la agilidad de sus movimientos, tampoco así por el repertorio asimilado con aquella macilenta instrumentación sino entonces por la claridad y la variedad de los sonidos. Estremecía siempre que apretaba el sonajero causando que la cuchara del medio hiciera borde con la trasera y un agudo rastrilleo con la delantera. Cuánta profundidad sobre superficie. La vibración metálica se veía cada vez comprometida a la apertura de un cambio ya que el sonido despedido era reto al tiempo que férrea dilatación espacial, digo, material. Me hizo entristecer de mi estupidez, de mis pesadas manos que sobre mi regazo yacían cual inconforme rebelde cubano. Afecto menos, afecto más, gozo desde entonces de una pasión triste que promete otro cuerpo.... menos orgánico, un autre más sonoro.

(rascar una superficie no para llegar o crear a una profundidad sino, más bien, para excitar su potencial)

Cuerpo aquel de la sensación sonsacada, cavada en las entrañas.
Cuerpo de mí cuerpo prometido, lombriguera de mí cuerpo mesiánico... te extraño